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¿Cómo No Seguirle a Él?

Por Allen Webster, traducido con permiso por Marlon Retana.
El artículo original, en inglés, se encuentra en este enlace.


Cuando María abrazó a ese hermoso bebé por primera vez, no tuvo que luchar con cuál sería Su nombre. Su Padre (no su padrastro) ya lo había decidido. Envió un mensajero al perplejo José para decirle: “dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS” (Mateo 1:21).

Jesús… ¡vaya nombre! Hoy en día es el nombre más reconocible del mundo, pero en ese momento era la forma del Nuevo Testamento del nombre “Josué” del Antiguo Testamento. Significa “salvador”. Josué salvó al pueblo de Dios al traerlos a Canaán; Jesús salvó al pueblo de Dios al abrir el cielo.

El Nuevo Testamento usa “Jesús” más de 800 veces. No tienes que saber griego para ver que Él es el personaje principal del Libro más vendido del mundo.

¿Por qué fue Jesús elegido por Dios para salvar al mundo?

Porque fue el único que pudo pagar el precio de nuestro pecado. Pablo escribió: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Efesios 1:7). Su sangre era la única sustancia que podía redimir (“comprar de vuelta”).

Una historia (quizás apócrifa) de Abraham Lincoln ilustra este punto: Un día, Lincoln fue a un lugar donde se subastaban esclavos y vio a una niña siendo vendida. Sacó dinero de su bolsillo y la compró.

Luego le dijo: “Jovencita, eres libre”. Ella dijo: “Por favor, señor, ¿qué quiere decir con eso?” Él dijo: “Significa que eres libre”. Ella preguntó: “¿Eso significa que puedo decir lo que quiera decir?” Él respondió: “Sí. Puedes decir lo que quieras decir.” Ella preguntó: “¿Eso significa que puedo ser lo que quiera ser?” Él respondió: “Sí, significa que puedes ser lo que quieras ser”. Ella preguntó: “¿Eso significa que puedo ir a donde quiera ir?” Él dijo: “Sí, puedes ir a donde quieras.” La niña pensó, y mientras las lágrimas corrían por su rostro, dijo: “Entonces iré contigo.”

Cuando el pecado nos puso en la subasta de Satanás, Jesús nos compró con su propia sangre. Pablo escribió: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Nunca entenderemos ese tipo de amor. Recorre nuevamente las biografías de Jesús y mira la asombrosa gracia de Dios mientras Jesús trata con personas como nosotros, siendo estas imperfectas, deficientes, y frágiles:

  • Zaqueo, el recaudador de impuestos (Lucas 19).
  • La mujer sorprendida en adulterio (Juan 8).
  • La mujer samaritana (Juan 4).
  • El ladrón crucificado (Lucas 23).

Cuando comprendemos las riquezas de Su gracia, nosotros también decimos: “Entonces iré contigo”. ¿Cómo no seguir a un Salvador así?

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