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¿Qué Es Un Misionero?

Muchos miembros de la iglesia podrían pensar que la razón número uno por la cual un misionero renuncia es por “dinero” pero, aunque esa podría ser parte del problema, esa no es la razón principal. La verdadera razón es, la gente. Los misioneros son también personas, una realidad que, aparentemente, muchos olvidan. Un misionero es más que una “persona que predica el evangelio en las misiones”[1]. Es por esta razón que es necesario hacer un breve estudio de lo que es un misionero.

Un Misionero Es Un Ser Humano.

Cuando eres niño, una de las primeras cosas que aprendes es que los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren. Un misionero nació de nuevo, como cada Cristiano fiel, crece en conocimiento estudiando diligentemente la Palabra de Dios, cuál es el campo de la misión y qué se necesita allí para hacer un trabajo eficaz. Por su trabajo, las almas perdidas aprenden lo que necesitan para ser salvas, y aquellos que decidieron obedecer el Evangelio son bautizados, y se convierten en hijos de Dios. Finalmente, de morir en el campo de la misión, o necesitar salir del campo de la misión, su trabajo y su vida serán recordados allí. Algunos podrían comenzar su ministerio como misioneros solteros, algunos de ellos podrían encontrar su ayuda idónea en el campo misionero, y otros podrían estar casados ya y su familia también está involucrada en el trabajo de la misión. Este escritor está agradecido por tener una esposa y un hijo amorosos que están dispuestos a ayudarlo y apoyarlo en todo lo que se está haciendo aquí en Panamá. Al igual que todo ser viviente, un misionero tiene necesidades también, y como ser humano, la compañía y el compañerismo también son necesarios. Dios sabía esto cuando nos creó,

“No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18).

Si bien este pasaje enseña claramente sobre el comienzo de la relación entre un hombre y una mujer, también nos permite aprender que somos seres sociales. Un misionero no escapa a esa necesidad, después de todo, es un ser humano, igual que usted y yo.

Un Misionero Tiene Sentimientos.

Un empleado que no se siente valioso en su trabajo, a menudo renuncia y busca mejores oportunidades en otro lugar. Estar en el campo de la misión no es fácil. Hay muchos factores que ciertamente pueden hacer que el misionero sienta que él no es valioso donde está. Como se discutió al principio de este artículo, las personas son el factor más importante. Puede ser que los hermanos locales no se acerquen al misionero. Algunos de ellos pueden sentir que es una amenaza para lo que están haciendo e intentan desmoralizarlo. Para este tipo de casos, un misionero puede encontrar aliento e identificarse con el apóstol Pablo,

“¿Pensáis aún que nos disculpamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo, muy amados, para vuestra edificación. Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes; que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido” (2 Corintios 2:19-21).

Los hermanos en el campo misionero podrían no reconocer todos los sacrificios y esfuerzos que tiene y hace el misionero. Los hermanos que lo apoyan financieramente podrían pensar que lo único que él quiere es dinero, así que eso es lo que hacen, enviar dinero y olvidarse de ese simple toque personal que a menudo llamamos “comunicación”. Amados hermanos, no puedo mentir, en nuestro corto tiempo en Panamá, me he sentido desanimado en algunas ocasiones, hasta el punto de pensar en la posibilidad de renunciar, pero, hay esa pequeña voz en mi cabeza, a veces referida como conciencia, que me recuerda que “NO PUEDO RENUNCIAR A DIOS”. Es por causa de Dios que estoy vivo, es por Él que llegué a conocer a mi hermosa y maravillosa esposa, es por Él que tengo la bendición de tener un hijo inteligente y guapo, es por Él que pude encontrar Su iglesia, escuchar Su palabra, aprender lo que necesito para ser salvo, dedicar mi vida a Él y a Su servicio, porque Él es quien me dio, me da, y me sigue dando todo. Incluso cuando los hermanos no quieren escuchar ni prestar atención al mensaje que el misionero predica, incluso cuando hay personas que le tiran la puerta a la cara cuando intenta invitarlos a un estudio bíblico, incluso cuando las cosas no son tan simples como lo fueron mientras estuvo en el mundo, el misionero debe ser valiente y, como el salmista, seguro en decir,

“Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmo 73:26).

Un Misionero No Es Un Mendigo.

Recientemente, escuché maravillosas lecciones en PTP365 por parte de Jack Honeycutt, y Wade Webster. En ambas lecciones, con toda la experiencia que tienen, estaban de acuerdo en cuán doloroso es que un misionero sea tratado como un mendigo. Según el diccionario de la Real Academia Española, un mendigo es una “persona que habitualmente pide limosna”[2]. Un misionero no está pidiendo limosna, un misionero está buscando apoyo para hacer la obra del Señor. Una persona que probablemente sacrificó su carrera, una larga permanencia en una buena compañía, tal vez su propio negocio, para dedicarse a predicar la Palabra (2 Timoteo 4:2), y preparar a otros para enseñar y hacer lo mismo (2 Timoteo 2:2), para seguir el ejemplo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, al buscar a los perdidos y traerles la esperanza que está en el Evangelio. Un empleado en el supermercado, oficina postal, gobierno o una compañía multinacional no es un mendigo, él es un empleado, él recibe un salario por su trabajo. ¿Tenemos una enseñanza bíblica sobre este mismo derecho para aquellos que se dedican a hacer la obra del Señor? Sí, lo tenemos, el apóstol Pablo escribió sobre esto (1 Corintios 9:1-14).

Un misionero no es un mendigo, es trabajador y merece ser respetado y apoyado por su trabajo. Nuestro amado hermano, Garland Elkins, es conocido por muchos en la hermandad, por sus esfuerzos en recaudar fondos para varias obras de la iglesia, como la Escuela de Predicación de Memphis (MSOP). Muchos de nosotros oímos muchas veces cómo dijo, en una ocasión, que en su lápida debía colocarse las palabras “y el mendigo murió”. Este escritor amaba a este hermano, y lo extraña mucho, porque él nunca renunció, él se mantuvo de pie por la Verdad y la predicó donde quiera que iba. Tuve el honor, con muchos otros estudiantes de la escuela, de estar allí cuando celebramos su cumpleaños 90 en el Christian Care Center, en Memphis, TN, y escuchamos lo grande que era su deseo de predicar a esa edad. Su deseo se cumplió cuando predicó el día después de su cumpleaños, y el texto de su sermón fue

“Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25).

Amados hermanos, la palabra de Dios es poderosa y sencilla, ¿por qué, entonces, mantenemos la idea de que un misionero debe rogar por apoyo para su ministerio, en lugar de darnos cuenta de que debemos estar involucrados en su trabajo, ya que no es suyo, es la obra del Señor, a quien, estamos agradecidos por sus bendiciones infinitas hacia nosotros.

Un Misionero Es Un Hombre Del Libro.

Me encanta ver lucha libre con mi hijo, incluso cuando todos sabemos que es “falsa”, y basa en un guion. Escribí falsa entre comillas porque, mientras está condicionada por el guion, hay ocasiones en que una lesión puede ser real. El luchador sigue el guion y ofrece entretenimiento a la audiencia. Uno de los más famosos, John Cena, tiene el lema “Nunca Te Rindas”, y muchos son los artículos en las noticias sobre lo positivo que es ese enfoque, especialmente con los niños pequeños. Los Cristianos, más que un simple guion escrito por el hombre, tenemos la poderosa Palabra de Dios como guía de usuario para nuestras vidas. Si bien la gente puede renunciar al misionero, mientras el misionero puede renunciar a sí mismo, ¡Dios no se rinde, se dio a sí mismo por todos nosotros, y la oportunidad que tenemos hoy para ser salvos! Esta, sin duda, debe ser la motivación de un Cristiano fiel que quiera predicar el mensaje de salvación a cada alma en este planeta.

Un misionero debe vivir por el libro, dar el ejemplo a aquellos a quienes alcanza, y enseñar la Verdad donde quiera que vaya. Recuerdo las palabras del hermano Bobby Liddell durante el día de orientación y algunas veces durante clase. Él nos decía: “Si crees que ganarás mucho dinero predicando el Evangelio, estás en el lugar equivocado y las puertas están abiertas para que te vayas”. Esto es algo que no sólo predicadores, sino misioneros necesitan mantener en sus mentes. Ser graduado de una escuela de predicación no le otorgará un trabajo, sino sus esfuerzos, dedicación y servicio al Señor. Una persona que piensa que ser misionero es vivir como gente rica en un país del tercer mundo, está equivocada, muy equivocada. Si bien hay muchos que, por desgracia, han estado causando esta confusión a medida que tomaron caminos erróneos y decidieron no hacer el trabajo de la manera que debe realizarse, hay hermanos fieles que están luchando en el campo de la misión, pero siguen haciendo el trabajo, están aplicando la Palabra de Dios en todo lo que hacen, sin importar las circunstancias o dificultades, para agradar y glorificar a nuestro Padre Celestial en lo que hacen.

Un Misionero Es Un Hermano En Cristo.

Este punto puede parecer redundante, pero es algo que los hermanos pueden olvidar a menudo. El misionero no es un empleado de la congregación, él es un siervo, ¿por qué? Porque decidió hacer la obra del Señor en lugares donde muchos no están dispuestos a ir. Es fácil venir todos los domingos a los servicios de la congregación, escuchar el mensaje, cantar himnos, orar, y participar de la cena del Señor y la ofrenda en cómodos bancos o sillas. Pero ¿con qué frecuencia recordamos a ese hombre que está predicando en lugares que podrían ser difíciles de describir, con el único propósito de llevar el mensaje de salvación a las almas perdidas y hermanos que no tienen la misma bendición que nosotros? ¿Realmente amamos a esos hermanos? El apóstol Juan escribió,

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:20-21).

Queridos hermanos, no es mi intención hacerlos sentir lástima por este siervo, ni por ningún otro misionero que conozcan, sino el reconocer que este es un trabajo muy importante y digno. La Gran Comisión es simple,

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19-20).

El misionero da lo mejor de sí para cumplir esta parte del pasaje, “enseñándoles [a todas las naciones] que guarden todas las cosas que [nuestro Señor Jesucristo] os mandé [en ese momento, los apóstoles, hoy, su Iglesia]”.

Un misionero es un ser humano, como usted y yo, tiene sentimientos y necesita ánimo, no es un mendigo, es digno de recibir un salario por lo que hace, es un hombre del libro ya que va y enseña el Evangelio en su campo misionero y, por último, es un hermano, es parte de la misma familia de la que formamos parte, la familia de Dios. Si su congregación apoya a un misionero, hágale saber cuánto le importa, y cuán valioso es su trabajo. Esta simple acción hará que su día sea aún mejor de lo que ya es.

¡Dios le bendiga!

REFERENCIAS

[1] “misionero”, Diccionario de la Lengua Española, http://dle.rae.es/?id=POqpW9N|POsAfFC

[2] “mendigo”, Diccionario de la Lengua Española, http://dle.rae.es/?id=OsonkhA

Artículo escrito por Marlon Retana, originalmente publicado
en el blog del sitio web http://www.goyeintoall.org
el 28 de agosto de 2017, y migrado a este sitio web recientemente.

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